Posted by: Anni Orekh | February 21, 2012

Take a Test

La cita del mas allá

La noche empezaba a caer y la tristeza invadía a Sofía, una hermosísima mujer que no entendía porque a la mayoría de los hombres solo les importaba la belleza de su físico, pues estaba completamente segura que podría estar explicando la teoría de la relatividad y a ellos solo les importaría mirar las curvas perfectas de su cuerpo.
Tanta soledad y amargura la hizo pensar en tomarse unos tragos para ahogar su angustia en un bar que se encontraba relativamente cerca de su casa, pero parecía una mala idea pues tendría que arriesgarse a escuchar obscenidades y proposiciones salidas de tono, aunque en verdad ya parecía acostumbrada a escucharlas, a lo cual casi siempre ella se inmutaba haciendo caso omiso.

Efectivamente cuando entró en el bar empezaron los silbidos y piropos desagradables de casi todos los bebedores habituales del lugar. Y digo casi todos porque había un personaje bastante común y corriente, sin ninguna cualidad extraordinaria en una mesa bastante alejada que solo se concentraba en su vaso sin que tanta belleza llamara su atención. Sofía estaba sorprendida por lo inusual de este comportamiento y se dirigió hasta la mesa de este hombre para sentarse a su lado y poder ser rescatada del bochornoso procedimiento de las personas que allí se encontraban. Miró al individuo y le solicitó permiso para sentarse, a lo cual este accedió haciendo un gesto con su cabeza. Fue entonces cuando casi de inmediato todos en el bar enmudecieron dejando en paz a esta bella dama y a su acompañante.

Luego de pedir un trago, la charla entre ellos se volvió más amena y ella se sintió un poco aliviada pues parecía que por fin había encontrado a alguien que escuchara y respetara lo que ella sentía y pensaba. Cuando se retiraron del lugar en medio del dialogo; ella notó como todos la observaban aterrados sin decir ni una sola palabra.

Todo fue maravilloso esa noche, motivo por el cual coincidieron en citarse en el parque del pueblo, en la banca central a las cuatro de la tarde del día siguiente. Ambos acudieron a la cita y cada vez las cosas resultaban mejor dando origen a una relación más que de amistad. Todo era perfecto para ellos y esta cita se repitió ininterrumpidamente a la misma hora y lugar durante un año. Ella aprendió a valorar las cosas simples de la vida, a darle un significado importante a la palabra amor, a corregir sus errores, pero aunque todo parecía perfecto, una de esas tardes su amado no acudió. Sofia volvió al otro día esperanzada de encontrarlo pero él no daba rastros de existencia. Pasaron varios meses y la escena se repetía, ella asistía a la cita sin falta pero él nunca regresó.

Después de muchos años y aunque ella conservaba intacto el recuerdo y amor de ese hombre tuvo que rehacer su vida y seguir adelante. Se casó con una persona que conoció y tuvo dos hijos fantásticos; su vida fue maravillosa y feliz, pero al pasar el tiempo su esposo murió y sus hijos tomaron el camino que toman los hijos cuando ya están grandes y quieren forjar su propio destino. Ella otra vez se volvió a sentir sola como aquella tarde que conoció al personaje del bar.

Salio a dar una vuelta y de regreso a su casa pasó por el parque donde frecuentemente se encontraba con el que fuera el amor de su vida. Casi se infarta cuando lo encontró en la banca del parque esperando por ella para cumplir con la reunión que tantos años atrás había quedado pendiente. El estaba exactamente igual que hacia veinte años cuando ocurrió su ultima cita. No había cambiado nada, ni siquiera su ropa; era el mismo de esa última vez.
Ella le reclamó airada por su falta y le preguntó horrorizada porque no había envejecido como ella, pues su pelo en cambio presentaba muchas canas y la piel de su cara estaba arrugada con las marcas que deja el paso del tiempo. Este ser le confesó a ella la verdad de su vida y empezó por relatarle lo siguiente:

Tú ya me conocías desde antes, vivía enseguida de tu casa, solo que no me recuerdas porque al parecer te importaba mucho más lo físico y lo material y yo no podía ofrecerte nada de eso. No soporte amarte tanto y no ser correspondido y en una noche de tragos y locura me corte las venas. He estado penando todo este tiempo sin encontrar una luz que me libere, soy un alma en condena pero esta tarde vengo por ti, aunque tuve que esperar a que fueras feliz porque nada de esto es tu culpa; es por eso que aquella ocasión todos en el bar se callaron, pues pensaron que estabas loca cuando le hablabas a una mesa vacía. Mi labor fue conquistarte con la fuerza de mi corazón aunque ya no latiera. Solo así podría liberarme de este castigo que no me dejaba en santa calma.

Dicen las personas que vieron a esta mujer sentada en esa banca del parque que de repente se fue quedando sin vida; pero lo que no sabían es que su amado por fin había acudido a esa última cita para llevarla por siempre a su lado.

Author:  Hugo Alberto Patiño Moreno

 

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